La fascinación que experimenta el ser humano ante lo que es asumido fuera de la normal se basa en una simple premisa, que nada tiene que ver con un tipo de ética burguesa que determina qué es lo que puede ser mostrado y que no, junto con lo que es considerado una aberración o una imagen digna. Lo que vuelve a estas imágenes (cine o fotografía) del infortunio insoportables, es la posibilidad de que uno las experimente como la víctima del suceso; por lo mismo, lo fascinante en ellas es el saberse libre de dicha casualidad.
En este sentido cabe preguntarse qué le hubiera parecido más desagradable a la sociedad en la época en que fue filmada Freaks, si una interpretación ficticia de los personajes o la aparición de éstos -tal como sucedió- sin alteración ni manipulación de la realidad. Probablemente lo que afectó al público, así como a todo aquel que es espectador de lo “anormal”, fue su incapacidad para adoptar una postura que soslayase la vergüenza por su morboso interés. No obstante, esto es un hecho inherente al ser humano, agradecemos a Dios de no ser el otro.
De ahí muy probablemente que a Browning le surgiera la idea de que fueran los “normales” los que sirvieran de espectáculo. La película inicia con el asombro de un grupo de personas frente a lo que “quedó” de la hermosa trapecista; sin embargo, no fue sino su comportamiento la que propició su desgracia. La moraleja sería entonces no una cuestión de dignidad humana –esta nunca está puesta en discusión en la película- sino el giro que logra el director en la concepción de lo raro y freak. Al respecto, me sirve de ejemplo traer a colación a la Perra de Buchenwald y al doctor Mengele, aparentemente normales, o a muchos artistas que bajo el pretexto de quebrar tabúes se mutilan y destruyen toda noción de belleza (ver por ejemplo a Sterlac o a los artistas del accionismo vienés). Sin duda, una película que da mucho que pensar y qué decir, pero más aún, ¿a qué le denominamos freak y a quién en realidad debemos de temerle?

Algunos de los miembros de la familia Ovitz, que fueron rescatados por Mengele de la cámara de gas para utilizarlos en sus experimentos

Objetos pertenecientes a la Perra de Buchenwald realizados con restos humanos
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