Podría decirse que la Nueva Ola Francesa (1958- 1965) tuvo como antecedente principal al Neorrealismo italiano en tanto concepto de arte cinematográfico. Ambos parten de una premisa similar que tiene que ver con el deseo de una liberación. En una ocasión, por ejemplo, se le preguntó a Vittorio De Sica, si con sus películas no forzaba a sus compatriotas a confrontarse con las experiencias dolorosas recién vividas en la Guerra, a lo que él respondió: “el Neorrealismo nació después de haber perdido total y absolutamente la libertad, no solo personal, sino artística y política. Este movimiento significó la rebelión en contra de los mandatos dictatoriales que habían humillado a toda Italia. Cuando perdimos la Guerra, descubrimos la ruina de nuestra moralidad […] el Neorrealismo, a diferencia de lo que mucha gente cree, no significa filmar la realidad exterior en escenarios auténticos. Eso no es la realidad. Es (el Neorrealismo) la realidad filtrada a través de la poesía, la realidad transfigurada; no es Zolá, ni tampoco es naturalismo o verismo, esas cosas son desagradables (1)”.
La importancia de la no manipulación de la realidad, así como la de no intervenir de forma innecesaria en el desarrollo de los hechos, acerca a estos cineastas al estilo documental, en donde la improvisación, la espontaneidad y el elemento histórico juegan un papel medular.
(1) Cardullo, Bert, Vittorio De Sica, director, actor, screenwriter, McFarland & Co, Londres 2002 pág. 177
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